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Street art: el origen de una saga

Hablemos de arte urbano, de ese que se escribe con mayúsculas, el que inunda las calles de las ciudades de talento, genio y creatividad. Y es que el arte callejero ha pasado de ser una “molestia” para administraciones y vecinos a dignificar paredes olvidadas y rincones insípidos con una alta dosis de imaginación. París, Londres, Nueva York, Berlín, Barcelona o Madrid son la prueba definitiva de que el arte en la calle ha venido para quedarse.

Llamado street art en el mundo anglosajón, de donde es oriundo, el arte callejero se puede definir como aquellas técnicas de expresión artística que se exhiben en las calles. Y quizá se podría añadir que se hace de una forma “libre”, “alegal” o directamente “ilegal”, puesto que en la mayor parte de las ciudades se trata de un delito tipificado por la ley. Sin embargo, de un tiempo a esta parte los ayuntamientos han decidido —pensamos que muy acertadamente— unirse a su enemigo, por aquello de que si no puedes vencerlo… Así, hoy en día el arte urbano incluso se cuela en las cuevas de los que antaño lo perseguían y no es difícil ver festivales, encuentros o talleres financiados por los entes públicos en los que el protagonista es el arte callejero.

Las técnicas que usan los artistas de arte callejero van desde el incombustible grafiti hasta el esténcil (o plantillas), pósteres o esculturas de todo tipo, y se plasma en infinidad de soportes, como paredes, bancos, puertas, persianas, metros o trenes. Y es que el street art tiene una vocación, además de estética, de protesta, y ha encontrado en la calle el altavoz perfecto para expresarla, casi siempre de manera anónima mediante seudónimos.

El origen de este movimiento lo debemos buscar allá por la década de 1960, con los movimientos de protesta tan conocidos que se dieron por entonces en algunas ciudades de Europa, sobre todo en París. No obstante, el verdadero boom del arte callejero se produjo a mediados de la de 1990, en las grandes ciudades del mundo occidental. Con el motor del arte urbano a toda marcha, no tardaron en surgir grupos de artistas que colaboraban para llenar los muros de las ciudades con grandes piezas que los dieron a conocer en todo el mundo. El caso más sonado es el archifamoso Bansky, del que se desconoce su identidad y del que se han vendido obras por cifras desorbitadas.

El arte urbano aúna creatividad, secretismo, innovación, urbe y amor por el arte, un cóctel que difícilmente podrá ser ni olvidado ni ignorado. Brindemos por él.